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Mamá Claudina
No puedo dejar pasar más tiempo sin recomendar una visita y un alojamiento maravillosos en Cuba, ahora que algunos de los que me rodean están pensando en acercarse por allí.
Se trata de la casa particular de Claudina Álvarez, en Viñales.
Para centrarnos, Viñales en un pueblito de la provincia de Pinar del Río que a nosotros nos aportó algunas de las mejores experiencias en la isla. Se trata de un pueblo muy pequeñito, con casitas bajas de colores y todas iguales, rodeado por mogotes, unas formaciones geológicas que vienen a ser montañitas aisladas y romas.

Valle de Viñales
La noche que llegamos estábamos los dos malos con la barriga, hasta que nos topamos con la sopa de malanga. ¡Pero qué cosa más rica! Ni que decir tiene que se nos quitaron todos los males y, al día siguiente, no sólo disfrutamos de las sopas de Claudina, sino también de zumos tropicales, pescado, verduras, tortilla… Esas manos en la cocina sólo pueden recordar a las de… ¡mi madre!

Casa Claudina
A todo el que me pregunta siempre le he dicho que en Cuba es mucho mejor alojarse en casas particulares, antes que en hoteles, pues ofrecen un mejor servicio por el mismo dinero (hablando siempre de presupuestos ajustados, no de los que quieren grandes complejos hoteleros de cadenas internacionales) y el contacto directo con la población cubana, tan buscada siempre.
Por si alguien puede estar interesado, aquí dejo el enlace a una web que hicimos con toda la información de la casa y sus alrededores (está sin terminar, pero puede ser de utilidad).
Por último, creo que también merece la pena contratar la excursión que ofrece el museo para visitar los mogotes. Jesús, el guía, nos llevó por los alrededores de Viñales dándonos vasta información de la geología, fauna, flora, historia y costumbres de la zona. Y como colofón a la caminata, lo mejor de todo: la visita a la plantación de tabaco de Guillermo, con degustación de moros y cristianos y fumado de puro recién liado incluidos. Una auténtica delicia.
Add comment 12 Febrero 2009
Para ‘ostálgicos’
Si alguno va a Berlín ( y si aún no lo habéis hecho ya estáis tardando) dejadme que os recomiende un sitio genial para alojarse.
Es un hostal no muy caro, situado en la parte oriental, limpio, muy nuevo y a tiro de piedra del centro. Ah, y a la vuelta de la esquina hay una cafetería donde sirven unos desayunos bastante resultones. (¿Es aplicable este calificativo a una comida?).
Pues como decía, el Ostel es un pequeño regalo para los que llegan a la capital alemana añorantes de la época socialista. El juego de palabras de su nombre ya nos hace un guiño a lo que nos vamos a encontrar, pues Ost en alemán significa Este, es decir, algo así como el “hostal del Berlín Oriental”.
La decoración es setentera total y en la recepción, una televisión un tanto vetusta nos recibe con un informativo de hace unos 20 años. El viaje en el tiempo se completa con la venta de objetos típicos de la Alemania pre-capitalista, como juguetes, utensilios de la vida doméstica o productos alimentarios (no me preguntéis sin son aún de la RDA o están “reeditados” (¿es aplicable este calificativo a una comida?). Habrá que comprobar la fecha de caducidad).
Entrando por la puerta del Ostel participamos plenamente de la Ostalgie alemana, cada día más de moda y, por ende, cada día más lucrativa. Pero, al margen de la opinión que nos merezca la explotación económica que de este periodo histórico se está haciendo, me parece que se trata de un hostal con encanto y que puede darle un toque diferente a nuestra estancia en Berlín.
Y por cierto, aparte de la decoración, que para mí es fantástica, tengo que decir que me quedé totalmente maravillada con la comodidad de la cama. ¡Más que la mía propia!
En fin, que para una escapadita de fin de semana creo que este es un alojamiento más que recomendable.
4 comments 28 Octubre 2008


