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Aquella vieja conocida
New York, New York…
Parece que es el viaje de moda. Toooodo el mundo va a Nueva York.
No niego que la ciudad de los rascacielos tenga miles de cosas interesantes pero, después de escuchar a tantos que han vuelto de la Gran Manzana, tengo una opinión firme, basada en la experiencia casi unánime de todas estas personas. Nueva York no sorprende. Nueva York es vieja y conocida. Maravillosa sí, pero nueva no.
Está tan metida en nuestras retinas que prácticamente la dominamos. Al margen del puente de Brooklyn, el Empire State Building o Times Square, sabemos a dónde dirigen sus calles, qué tiendas hay en cada avenida y casi qué metro hay que tomar para ir de un sitio a otro.
Manhattan, Big o La última noche tienen la culpa. Estamos tan acostumbrados a pasear, cinematográficamente hablando, por Nueva York que es difícil que nos impresione. Simplemente porque ya lo hemos visto.
No digo que se trate de una ciudad sin encanto, ya que eso dependerá de los gustos y la experiencia personal de cada uno, pero sí de un lugar que, al menos a primera vista, no nos parece un sitio por descubrir.
Por todo esto, y aunque respeto las preferencias de todo el mundo, sigo decantándome por destinos menos manidos y más sugerentes, en los que siga encontrando paisajes, gentes y costumbres que, a día de hoy, aún no he imaginado.
2 comments 24 Diciembre 2008
Belén y Pedro
El otro día, pululando por la red infinita, llegué por casualidad a un blog que me dejó hipnotizada.
Los que me conocéis ya sabéis que mi gran pasión y, como me dijeron el otro día, casi “el motor de mi vida” son los viajes. No puedo dejar de pensar en el próximo destino que, como muy acertadamente sostiene Javier Reverte, siempre es el mejor. Y mientras que éste llega me entretengo en leer historias, buscar información y ver fotografías de cualquier país del mundo, ya que todo lugar desconocido me parece fascinante.
Pues como decía, andaba matando un poco el tiempo cuando me topé con el blog de Belén y Pedro, dos barceloneses que no han desaprovechado ni un minuto en el último año. Según pude leer en su bitácora, han regresado hace un par de meses de dar la vuelta alrededor del mundo. Y claro, a mí se me puieron los dientes largos y el alma en vilo.
Sentí una envidia como pocas veces había sentido (de la buena, eh, de la buena) y fui desgranando con la boca abierta cada una de las páginas de su diario. En sólo unos momentos salté de Nueva Zelanda a Argentina y de ahí a Kenia, y después a Asia… Y así durante un buen rato. No podía dejar de imaginarme la sensación de libertad que se tiene que sentir al viajar durante un año completo, al conocer a personas totalmente diferentes, al no saber lo que te espera el día de mañana. Al no tener una fecha fija (al menos próxima) en la que dejas de disfrutarlo.
Por todo eso Belén y Pedro se han convertido en los últimos añadidos a mi ya larga lista de ídolos. Ya sé que tantas y tantas personas han dado la vuelta al mundo antes que ellos, pero simplemente han sido ellos dos los que lo han hecho exactamente como yo imagino que a mí me gustaría hacerlo, y han sido ellos los que han vuelto a despertar en mí el deseo de embarcarme en una aventura así.
Un saludo y gracias, Pedro y Belén.
3 comments 18 Noviembre 2008
Las dos orillas del Mediterráneo
Acabamos de volver de una semanita pululando por Túnez. Ha sido un pululeo establecido de antemano y bastante encorsetado (primera y última vez que vamos a un viaje organizado) pero, aún así, con las cosas buenas de estar lejos de casa y conociendo cosas nuevas y diferentes.
Aunque el caso es que allí todo me resultaba bastante familiar.
Se trata de mi primer acercamiento a un país árabe, y me daba un poco de respeto este primer contacto, pero una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo se parecía todo a Andalucía. O cómo nos parecemos nosotros a ellos. No podemos negar que un día fuimos Al-Andalus. Casi 800 años de invasión musulmana dejaron su impronta.
Los alfajores de toda la vida son dulces bereberes, los azulejos sevillanos decoran las paredes de mezquitas y zauías y los enrevesados zocos de las medinas reproducen las callejuelas de casi cualquier casco antiguo andaluz. O mejor, a la inversa.
Creyendo que me iba a encontrar con el país más diferente que había visitado hasta ahora, he llegado a las raíces andaluzas y, aunque los derroteros de la historia nos han hecho evolucionar de forma muy distinta, es indiscutible que las dos orillas del Mediterráneo compartimos, además del mar, una misma alma.
1 comment 24 Octubre 2008
Regalando ilusión
Aunque suene cursi o a anuncio de la ONCE, anoche me regalaron ilusión.
Alfonso llegó a casa con los regalos de mi santo, que no estuvieron a tiempo para el día 29. No tenía ni idea de qué podía ser, pero me quedé con la boca abierta y sin palabras cuando abrí el paquete de cartón de La casa del libro.
Allí estaban, esperándome, dos maravillosos libros, que me hicieron una ilusión como pocas cosas lo han logrado últimamente.
Uno de ellos, el más pequeño, es una guía de viaje de Etiopía, porque desde que conocí a Abebaw, estoy deseando conocer ese gran desconocido; el país de la Reina de Saba y de las fuentes del Nilo Azul. El país de iglesias excavadas en la roca y de gente cariñosa y alegre. El único país africano que nunca fue colonizado por los europeos.
El segundo se llama “Sentir Etiopía”, y es un precioso libro publicado por RBA para Ayuda en Acción con cuentos populares, aclaraciones políticas y económicas, historia, fotos y muchas cosas más para comenzar a entrar en contacto con el país y poder llegar a comprender, para después sentir, Etiopía.
Me ha encantado el regalo porque ha dado en el clavo. Y porque Alfonso ha buscado (y estoy segura de que lo ha encontrado) hacerme estar ilusionada con algo. Para ello, nada mejor que un viaje, y ninguno mejor éste, con el que llevo soñando hace ya más de un año.
Gracias, pequeño.
3 comments 5 Agosto 2008
De profesión, viajera
Yo de mayor quiero ser viajera.
Por eso escribí rápidamente a un concurso de Viajes Barceló cuyo premio eran seis grandes viajes a distintas partes del mundo durante un año. No se me ocurre ningún premio mejor…
Aunque no gané la ansiada vuelta al mundo, aquí os dejo el vídeo con el que participé. ¡Poned fuerte los altavoces, que la música es lo que más me gusta!
p.d. Gracias, Paco, por tu colaboración…
6 comments 24 Julio 2008
Londres no está en Inglaterra
Aprovechando que iba a visitar a mi hermana, que está viviendo en Inglaterra, decidí llevarle como regalo una guía de viaje, para que también ella pueda pulular a gusto por allí.
Me fui a la Fnac feliz con mi idea y me dispuse a hojear lo que había para llevarle a mi hermana sólo la mejor opción. Para mi tristeza descubrí que la mayoría de las guías editadas (al menos las que tenían allí) son sólo de Londres, y las que recogen también el resto de Inglaterra tenían un precio prohibitivo que mi maltrecho bolsillo prenavideño no podía permitirse. Ya ni hablar de aquéllas pocas que recorren el Reino Unido al completo.
Yo estaba segura de que la guía perfecta tenía que estar en alguna parte, así que salí en su búsqueda y recorrí varias librerías de la ciudad. Nada, en todos lados lo mismo…
Finalmente volví al punto de partida, es decir, la Fnac, y me decidí por la Trotamundos, pensando, quizás inocentemente, que su buen precio se debía a que estaba dirigida más bien a mochileros y jóvenes con presupuesto reducido. Después de un vistazo no me pareció que el contenido estuviese mal, así que se vino conmigo a casa. Y yo, contentísima con mi compra.
La sorpresa me la llevé cuando, más tranquilamente, ya en el sofá de casa, quise saber qué opina el señor Trotamundos sobre la capital inglesa. Pues simplemente no existe. Bueno, han tenido el detalle de reseñar brevemente los “alrededores de Londres” pero ni rastro de la capital.
Creo que eso explica su precio. Pero Inglaterra sin Londres sería como un huevo frito donde no se puede mojar pan. O como ir a la nieve y no tirarle una bola a un amigo. O como el Gordo sin el Flaco. En fin, Inglaterra sin Londres no es lo mismo.
Definitivamente, no acerté con la compra. La próxima vez tendré que pararme a mirar más en detalle el contenido. Pero por ahora, lo siento, Maca, tendrás que conformarte con pulular por los alrededores de Blackpool.
Add comment 21 Diciembre 2007
El día que conocí a un samurai
Puede parecer mentira, pero un día conocí a un samurai. Un auténticio samurai; de los de Japón, de los de virtudes intachables. O al menos, eso decía él.
Fue en un tren alemán, camino de Berlín y, si no me acuerdo mal, era el 3 de agosto. Era la primera vez que iba a Berlín, así que quería leer un poco mi guía para saber qué quería ver y hacer y organizar un poco el fin de semana.
Pero en mi vagón de primera clase (uf, creo que la primera y única vez que he viajado en primera) iba un hombre de negocios al que le aburría un poco el trayecto. Cuando pasó el revisor -revisora en este caso- y le hizo pagar un suplemento por no sé qué motivo, empezó a protestar y explicarme todas sus desventuras con Deutsche Bahn. Yo sólo le entendí la mitad, pero a todo le asentía muy amablemente.
Después de varios intentos por su parte de entablar conversación y otros tantos míos por retomar mi lectura tuve que aclararle que no es que fuese medio tonta y por eso sólo respondía con monosílabos, sino que no era alemana y que a veces no lo pillaba todo a la primera. Eso fue suficiente para animar al hombre a entablar conversación… -¿Y de dónde eres? ¿Y qué haces aquí? ¿Y cómo aguantas tanto tiempo en un país tan frío?…-. Total, que cerré definitivamente mi guía, decidí que al menos era un buen momento para practicar el idioma y comencé yo también a darle palique.
Me enteré de que era dueño de una empresa, con unos sesenta trabajadores, y dedicada a la producción de repuestos para automóviles, aunque me quedé con las ganas de saber qué empresa concretamente. También supe que no conoció a su padre y vivió siempre con su padrastro y de muchas más cosas de las que ahora no me acuerdo y que, además, no vienen al caso.
La conversación empezó a interesarme realmente cuando me confió la fórmula secreta para que su empresa fuese todo un éxito: los astros. Claro que en ese punto también comencé a sospechar que tras las gafas y la corbata se escondía un auténtico pirado.
Según me contó, cada trabajador tenía un sitio asignado según su signo del zodiaco y sólo podía sentarse con gente con la que fuese a llevarse bien, según las estrellas. Por supuesto, esto era importantísimo a la hora de seleccionar nuevo personal y, si ya había demasiados Leos, habría que ponerse a buscar a un Capricornio… Al menos, gracias a él, descubrí por qué mis dos compañeros no podían ni verse. ¡¡Uno es géminis y el otro sagitario!! ¿Cómo no se me había ocurrido antes?
Tan puesto como estaba el hombre en estos temas, no me extrañó nada cuando me comentó que había tenido contactos con su padrastro, después de que éste muriese y que así pudo conocer el verdadero sentido de la vida.
Toda esta conversación la iba entremezclando con lecciones de la historia de Alemania, avisos cada vez que veía un ciervo por la ventana o indicaciones de que pasábamos ante grandes factorías mandadas a construir por Hitler. Ah, y cada media hora aproximadamente repetía que no podía perderme Potsdam,la ciudad más bella del país, a pesar de que él venía de Múnich.
Pero sin duda, la revelación más sorprendente del viaje fue el saber que estaba ante un verdadero samurai. Como descendiente de japoneses que decía ser, concretamente de Yamamoto (sí, el de Pearl Harbour), él podía ver reflejadas en su persona cualidades propias de un samurai, como la valentía o la nobleza. En ese momento yo ya había comenzado a ver sus ojos de chino y el pelo más lacio de lo normal para un occidental cualquiera… Pero lo que ya no dejaba dudas sobre su aténtica naturaleza era la regresión hipnótica que había realizado años atrás y en la que quedaba demostrado que había sido un guerrero japonés en el siglo XIII.
Después, llegamos a Berlín Spandau, se despidió amablemente, me deseó un buen fin de semana y se fue como el hombre de negocios que parecía ser.
Add comment 30 Noviembre 2007





