Archive for octubre, 2008

Para ‘ostálgicos’

Si alguno va a Berlín ( y si aún no lo habéis hecho ya estáis tardando) dejadme que os recomiende un sitio genial para alojarse.

Es un hostal no muy caro, situado en la parte oriental, limpio, muy nuevo y a tiro de piedra del centro. Ah, y a la vuelta de la esquina hay una cafetería donde sirven unos desayunos bastante resultones. (¿Es aplicable este calificativo a una comida?).

Pues como decía, el Ostel es un pequeño regalo para los que llegan a la capital alemana añorantes de la época socialista. El juego de palabras de su nombre ya nos hace un guiño a lo que nos vamos a encontrar, pues Ost en alemán significa Este, es decir, algo así como el “hostal del Berlín Oriental”.

Pared del Ostel

La decoración es setentera total y en la recepción, una televisión un tanto vetusta nos recibe con un informativo de hace unos 20 años. El viaje en el tiempo se completa con la venta de objetos típicos de la Alemania pre-capitalista, como juguetes, utensilios de la vida doméstica o productos alimentarios (no me preguntéis sin son aún de la RDA o están “reeditados” (¿es aplicable este calificativo a una comida?). Habrá que comprobar la fecha de caducidad).

Entrando por la puerta del Ostel participamos plenamente de la Ostalgie alemana, cada día más de moda y, por ende, cada día más lucrativa. Pero, al margen de la opinión que nos merezca la explotación económica que de este periodo histórico se está haciendo, me parece que se trata de un hostal con encanto y que puede darle un toque diferente a nuestra estancia en Berlín.

Y por cierto, aparte de la decoración, que para mí es fantástica, tengo que decir que me quedé totalmente maravillada con la comodidad de la cama. ¡Más que la mía propia!

En fin, que para una escapadita de fin de semana creo que este es un alojamiento más que recomendable.

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28 octubre 2008 at 8:33 pm 4 comentarios

Las dos orillas del Mediterráneo

Acabamos de volver de una semanita pululando por Túnez. Ha sido un pululeo establecido de antemano y bastante encorsetado (primera y última vez que vamos a un viaje organizado) pero, aún así, con las cosas buenas de estar lejos de casa y conociendo cosas nuevas y diferentes.

Aunque el caso es que allí todo me resultaba bastante familiar.

Se trata de mi primer acercamiento a un país árabe, y me daba un poco de respeto este primer contacto, pero una de las cosas que más me ha llamado la atención es cómo se parecía todo a Andalucía. O cómo nos parecemos nosotros a ellos. No podemos negar que un día fuimos Al-Andalus. Casi 800 años de invasión musulmana dejaron su impronta.

Los alfajores de toda la vida son dulces bereberes, los azulejos sevillanos decoran las paredes de mezquitas y zauías y los enrevesados zocos de las medinas reproducen las callejuelas de casi cualquier casco antiguo andaluz. O mejor, a la inversa.

Creyendo que me iba a encontrar con el país más diferente que había visitado hasta ahora, he llegado a las raíces andaluzas y, aunque los derroteros de la historia nos han hecho evolucionar de forma muy distinta, es indiscutible que las dos orillas del Mediterráneo compartimos, además del mar, una misma alma.

24 octubre 2008 at 3:36 pm 1 comentario


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