El gusanillo que sale pronto

3 marzo 2009 at 3:25 pm 2 comentarios

Eso fue lo primero que pensé cuando escuche la vida de Manuel Iradier (1854-1911), que el gusanillo viajero, si se tiene dentro, sale en cuanto puede.

Manuel Iradier

Manuel Iradier

En este caso concreto, a los 14 años ya soñaba el vitoriano con realizar una expedición a África y puso manos a la obra para contactar con otras personas con las mismas inquietudes, de donde surgió la sociedad La Exploradora.  En principio, la idea era atravesar el continente de norte a sur, con un recorrido de casi 13.000 kilómetros aunque, tras escuchar al célebre viajero Sir Henry Morton Stanley, decidió centrar su aventura en el Golfo de Guinea

Así lo hizo y en 1874 partió, junto a su mujer y su cuñada, hacia el oeste africano, desde donde emprendió la marcha hacia el interior, explorando de modo sistemático las islas del Golfo de Guinea y de Cabo San Juan, a través de los ríos Ayé, Muni, Utongo y Bañe.

En el transcurso de este viaje nació su hija Isabel, que murió pocos meses después, algo que Iradier nunca pudo superar y le hizo regresar a España.  

Poco después inició un segundo viaje de exploración, a finales de 1877, y en él Iradier obtuvo vocabularios y gramáticas de las lenguas de las tribus que visitó, numerosas anotaciones astronómicas, etnográficas, climatológicas y comerciales y mapas de las zonas visitadas que fueron publicados por la Sociedad de Africanistas y Colonistas de Madrid.

Esta sociedad reunió fondos para financiar una tercera expedición que dio comienzo en julio de 1884. Esta vez el viajero vitoriano iba acompañado por el doctor Amado Eugenio Osorio y Zabala, con quien volvió a recorrer los territorios ya explorados en la primera expedición y algún otro. Emprendieron el viaje de regreso a España el 28 de noviembre de 1884, debido a que Manuel Iradier, aquejado de fiebres, no podía continuar.

De vuelta a España, su inquietud le llevó a inventar varios artilugios, entre los que se encuentran un contador de agua, un fototaquímetro y una tipográfica que acortaba las labores de la imprenta.

Tras escribir varios libros relatando sus experiencias y recibir diversos homenajes, Iradier murió en el pueblo segoviano de Valsaín, donde trabajaba en una empresa maderera.  

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2 comentarios Add your own

  • 1. Maca  |  5 marzo 2009 en 5:59 pm

    Jo, cómo mola tu blog…

  • 2. pululante ser  |  5 marzo 2009 en 8:09 pm

    Ay, muchas gracias!! 🙂

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