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Por favor, llámame Blanca

Sí, definitivamente tengo que tener un “gen Fernández Ochoa” extraviado por ahí… El esquí es lo mío. Lástima que lo he descubierto casi 30 años tarde…

Bueno, realmente no sé si llegaré a la categoría de crack en el deporte alpino, pero de lo que estoy segura es de que me he quedado encantadísima con mi primer contacto con los esquís.

Después de muchos intentos de convencer a mi amiga Claudia el año que estuve en Austria para que me enseñase un poquito y lograr únicamente que me prestase una bolsa de Ikea para lanzarme lomita abajo (disfrutando como una enana, eso sí), por fin el pasado día 17 llegó mi verdadero bautizo en la nieve.

El viernes por la tarde salimos mis hermanos, Alfonso, Juanlu y yo rumbo a Sierra Nevada para adentrarnos en el maravilloso mundo de las caídas, unos (entre los cuales me incluyo) y para demostrar su pericia en el manejo de esquís y bastones, otros.

Nos instalamos a nuestra llegada al albergue y, al margen de la copiosísima cena a las siete de la tarde, no hay mucho que destacar.

<i>Si, aunque parezca mentira, yo soy la de delante.</i>

Sí, aunque parezca mentira, yo soy la de delante.

El día siguiente por fin llegó el momento del estreno, y allí estábamos los seis, la mar de bien equipados, para hacer nuestros pinitos en la nieve. Con la santa paciencia de Antonio aprendimos a hacer la cuña, girar (más o menos) y poco más. Tras una larguísima y deseperante cola de espera en la “alfombra mágica” nos atrevimos ya a lanzarnos por Borreguiles. ¡Pero qué miedo, cuando yo me vi allí arriba y sólo había una forma de bajar (esperaba que rodar no estuviese entre mis opciones). Bueno, al final poco a poco lo conseguimos (muy despacito, eso sí) y llegamos abajo triunfantes. ¡Y sin haberme caído ni una sola vez! 🙂

Después fuimos a las clases que teníamos contratadas pero yo, muy guay, decidí por mi misma pasarme del grupo “Principiantes” al “Principantes advance“. Y así se nos fue el primer día que, la verdad, no me pareció tan chulo ni tan emocionante como me había dicho todo el mundo.

Pero el domingo ya cambió la cosa…

En vez de ir hasta las pistas con el telecabina me atreví a bajar esquiando desde el albergue con Antonio, Macarena, Luis y un amigo suyo. No lo estaba haciendo demasiado mal hasta que me dijeron que iba por una pista roja. Entonces me empecé a poner nerviosa y a hacer más eses de la cuenta.

Después fuimos directos a Stadium, que a mí me sonaba a palabras mayores… ¡Y tanto! Cuando nos bajamos del telesilla yo me negué a tirarme por esa cuesta. ¿Pero estamos locos o qué? Menos mal que, una vez más estaba ahí Antonio para, con paciencia, hacerme ver que no me quedaba otra. Pues sí, finalmente lo bajé. Y creo recordar que también sin caerme. Pero qué catacrack.

Cuando llegamos a Borreguiles volvimos a Stadium, después bajamos el Río, y yo cada vez más a gustito y más suelta. Vamos, que cuando llegó la hora de la clase fui porque el deber me llamaba, que si no… me quedó por ahí tan ancha.

Como temía, la clase se me hizo un poco aburridilla, porque por la mañana me había estado moviendo mucho más, pero bueno, Maca y yo compensamos volviendo al albergue también sobre los esquís. Una pasada.

En resumen, el primer día no tanto, pero el segundo disfruté como una enana y ahora estoy deseando volver a ponerme unos esquís y ver de dónde soy capaz de tirarme la próxima vez. Ah, y deseando enseñarle a Claudia cómo desperdició su oportunidad de transformar a una españolita que lo flipaba con la nieve en una auténtica estrella del esquí.

1 febrero 2009 at 11:19 pm 4 comentarios


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