Posts tagged ‘Viajes’

Belén y Pedro

El otro día, pululando por la red infinita, llegué por casualidad a un blog que me dejó hipnotizada.

Los que me conocéis ya sabéis que mi gran pasión y, como me dijeron el otro día, casi “el motor de mi vida” son los viajes. No puedo dejar de pensar en el próximo destino que, como muy acertadamente sostiene Javier Reverte, siempre es el mejor. Y mientras que éste llega me entretengo en leer historias, buscar información y ver fotografías de cualquier país del mundo, ya que todo lugar desconocido me parece fascinante.

carteles

Pues como decía, andaba matando un poco el tiempo cuando me topé con el blog de Belén y Pedro, dos barceloneses que no han desaprovechado ni un minuto en el último año. Según pude leer en su bitácora, han regresado hace un par de meses de dar la vuelta alrededor del mundo. Y claro, a mí se me puieron los dientes largos y el alma en vilo.

Sentí una envidia como pocas veces había sentido (de la buena, eh, de la buena) y fui desgranando con la boca abierta cada una de las páginas de su diario. En sólo unos momentos salté de Nueva Zelanda a Argentina y de ahí a Kenia, y después a Asia… Y así durante un buen rato. No podía dejar de imaginarme la sensación de libertad que se tiene que sentir al viajar durante un año completo, al conocer a personas totalmente diferentes, al no saber lo que te espera el día de mañana. Al no tener una fecha fija (al menos próxima) en la que dejas de disfrutarlo.

Por todo eso Belén y Pedro se han convertido en los últimos añadidos a mi ya larga lista de ídolos. Ya sé que tantas y tantas personas han dado la vuelta al mundo antes que ellos, pero simplemente han sido ellos dos los que lo han hecho exactamente como yo imagino que a mí me gustaría hacerlo, y han sido ellos los que han vuelto a despertar en mí el deseo de embarcarme en una aventura así.

Un saludo y gracias, Pedro y Belén.

18 noviembre 2008 at 9:05 am 3 comentarios

El día que conocí a un samurai

Puede parecer mentira, pero un día conocí a un samurai. Un auténticio samurai; de los de Japón, de los de virtudes intachables. O al menos, eso decía él.

Fue en un tren alemán, camino de Berlín y, si no me acuerdo mal, era el 3 de agosto. Era la primera vez que iba a Berlín, así que quería leer un poco mi guía para saber qué quería ver y hacer y organizar un poco el fin de semana.

Pero en mi vagón de primera clase (uf, creo que la primera y única vez que he viajado en primera) iba un hombre de negocios al que le aburría un poco el trayecto. Cuando pasó el revisor -revisora en este caso- y le hizo pagar un suplemento por no sé qué motivo, empezó a protestar y explicarme todas sus desventuras con Deutsche Bahn. Yo sólo le entendí la mitad, pero a todo le asentía muy amablemente.

Después de varios intentos por su parte de entablar conversación y otros tantos míos por retomar mi lectura tuve que aclararle que no es que fuese medio tonta y por eso sólo respondía con monosílabos, sino que no era alemana y que a veces no lo pillaba todo a la primera. Eso fue suficiente para animar al hombre a entablar conversación… -¿Y de dónde eres? ¿Y qué haces aquí? ¿Y cómo aguantas tanto tiempo en un país tan frío?…-. Total, que cerré definitivamente mi guía, decidí que al menos era un buen momento para practicar el idioma y comencé yo también a darle palique.

Me enteré de que era dueño de una empresa, con unos sesenta trabajadores, y dedicada a la producción de repuestos para automóviles, aunque me quedé con las ganas de saber qué empresa concretamente. También supe que no conoció a su padre y vivió siempre con su padrastro y de muchas más cosas de las que ahora no me acuerdo y que, además, no vienen al caso.

La conversación empezó a interesarme realmente cuando me confió la fórmula secreta para que su empresa fuese todo un éxito: los astros. Claro que en ese punto también comencé a sospechar que tras las gafas y la corbata se escondía un auténtico pirado.

Según me contó, cada trabajador tenía un sitio asignado según su signo del zodiaco y sólo podía sentarse con gente con la que fuese a llevarse bien, según las estrellas. Por supuesto, esto era importantísimo a la hora de seleccionar nuevo personal y, si ya había demasiados Leos, habría que ponerse a buscar a un Capricornio… Al menos, gracias a él, descubrí por qué mis dos compañeros no podían ni verse. ¡¡Uno es géminis y el otro sagitario!!  ¿Cómo no se me había ocurrido antes?

Tan puesto como estaba el hombre en estos temas, no me extrañó nada cuando me comentó que había tenido contactos con su padrastro, después de que éste muriese y que así pudo conocer el verdadero sentido de la vida.

Toda esta conversación la iba entremezclando con lecciones de la historia de Alemania, avisos cada vez que veía un ciervo por la ventana o indicaciones de que pasábamos ante grandes factorías mandadas a construir por Hitler. Ah, y cada media hora aproximadamente repetía que no podía perderme Potsdam,la ciudad más bella del país, a pesar de que él venía de Múnich.

Pero sin duda, la revelación más sorprendente del viaje fue el saber que estaba ante un verdadero samurai. Como descendiente de japoneses que decía ser, concretamente de Yamamoto (sí, el de Pearl Harbour), él podía ver reflejadas en su persona cualidades propias de un samurai, como la valentía o la nobleza. En ese momento yo ya había comenzado a ver sus ojos de chino y el pelo más lacio de lo normal para un occidental cualquiera… Pero lo que ya no dejaba dudas sobre su aténtica naturaleza era la regresión hipnótica que había realizado años atrás y en la que quedaba demostrado que había sido un guerrero japonés en el siglo XIII.

Después, llegamos a Berlín Spandau, se despidió amablemente, me deseó un buen fin de semana y se fue como el hombre de negocios que parecía ser.

30 noviembre 2007 at 8:29 pm Deja un comentario


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